Martes 22 de Octubre de 2019
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Los jóvenes y el trabajo en la visión del Papa Francisco

En su exhortación postsinodal Christus Vivit dirigida a los jóvenes, el Papa Francisco se detiene a considerar la importancia que tiene el trabajo. En efecto, cuando se refiere a la “vocación misionera”, señala que ella tiene que ver “con nuestro servicio a los demás” (n. 254).

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 Y luego explica que “este “ser para los demás” en la vida de cada joven, normalmente está relacionado con dos cuestiones básicas: la formación de una nueva familia y el trabajo. Las diversas encuestas que se han hecho a los jóvenes confirman una y otra vez que estos son los dos grandes temas que los preocupan e ilusionan. Ambos deben ser objeto de un especial discernimiento” (n. 258).

¿Qué haces para vivir?

El Papa comienza reconociendo que esta pregunta sobre el trabajo “es un tema constante de conversación, porque el trabajo es una parte muy importante de sus vidas”. En este sentido, explica que “para los jóvenes adultos, esta experiencia es muy fluida porque se mueven de un trabajo a otro e incluso pasan de carrera a carrera”.

Sobre la importancia del trabajo, señala que “puede definir el uso del tiempo y puede determinar lo que pueden hacer o comprar. También puede determinar la calidad y la cantidad del tiempo libre. El trabajo define e influye en la identidad y el autoconcepto de un adulto joven y es un lugar fundamental donde se desarrollan amistades y otras relaciones porque generalmente no se trabaja solo. Hombres y mujeres jóvenes hablan del trabajo como cumplimiento de una función y como algo que proporciona un sentido. Permite a los adultos jóvenes satisfacer sus necesidades prácticas, pero aún más importante buscar el significado y el cumplimiento de sus sueños y visiones”.

¿Vivir sin trabajar?

El Papa es muy claro: “Ruego a los jóvenes que no esperen vivir sin trabajar, dependiendo de la ayuda de otros” (269). Continúa luego explicando que vivir sin trabajar “no hace bien, porque el trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal” (269).

De allí que sostenga que “ayudar a los pobres con dinero debe ser siempre una solución provisoria para resolver urgencias” (269).

¿Y si el trabajo no es el soñado?

Se advierte a lo largo del texto que el Papa une el trabajo con el sentido de la vida y el sentido de la vida con una vocación o llamado de Dios. En tal sentido, el Papa alienta a los jóvenes a no perder los sueños y buscar siempre realizar de algún modo la vocación:

“No siempre un joven tiene la posibilidad de decidir a qué va a dedicar sus esfuerzos, en qué tareas va a desplegar sus energías y su capacidad de innovar. Porque además de los propios deseos, y aún más allá de las propias capacidades y del discernimiento que uno realice, están los duros límites de la realidad. Es verdad que no puedes vivir sin trabajar y que a veces tienes que aceptar lo que encuentres, pero nunca renuncies a tus sueños, nunca entierres definitivamente una vocación, nunca te des por vencido. Siempre sigue buscando, al menos, modos parciales o imperfectos de vivir lo que en tu discernimiento reconoces como una verdadera vocación” (272).

A veces el trabajo no es el esperado. Y el Papa reconoce ello, pero propone un sano realismo: “aunque el trabajo puede no ayudar a alcanzar sus sueños, es importante para los adultos jóvenes cultivar una visión, aprender a trabajar de una manera realmente personal y satisfactoria para su vida, y seguir discerniendo el llamado de Dios” (268).

¿El trabajo humano reemplazado por máquinas?

El Papa advierte que “la velocidad de los desarrollos tecnológicos, junto con la obsesión por reducir los costos laborales, puede llevar rápidamente a reemplazar innumerables puestos de trabajo por máquinas” (271). Se trata de un problema que debe ser asumido por la política, explica el Papa, “porque el trabajo para un joven no es sencillamente una tarea orientada a conseguir ingresos. Es expresión de la dignidad humana, es camino de maduración y de inserción social, es un estímulo constante para crecer en responsabilidad y en creatividad, es una protección frente a la tendencia al individualismo y a la comodidad, y es también dar gloria a Dios con el desarrollo de las propias capacidades” (271).

¿Qué pasa con el desempleo?

En el mismo sentido, en el n. 270 se refiere al problema del “desempleo juvenil”. “Además de empobrecerlos, la falta de trabajo cercena en los jóvenes la capacidad de soñar y de esperar, y los priva de la posibilidad de contribuir al desarrollo de la sociedad. En muchos países esta situación se debe a que algunas franjas de población juvenil se encuentran desprovistas de las capacidades profesionales adecuadas, también debido a las deficiencias del sistema educativo y formativo. Con frecuencia la precariedad ocupacional que aflige a los jóvenes responde a la explotación laboral por intereses económicos” (270).

La vida como vocación

En el n. 273 el Papa vuelve a proponer a los jóvenes que descubran su vida como llamado de Dios para una misión y pongan en juego sus mejores capacidades:

“Cuando uno descubre que Dios lo llama a algo, que está hecho para eso –sea la enfermería, la carpintería, la comunicación, la ingeniería, la docencia, el arte o cualquier otro trabajo– entonces será capaz de hacer brotar sus mejores capacidades de sacrificio, de generosidad y de entrega. Saber que uno no hace las cosas porque sí, sino con un significado, como respuesta a un llamado que resuena en lo más hondo de su ser para aportar algo a los demás, hace que esas tareas le den al propio corazón una experiencia especial de plenitud. Así lo decía el antiguo libro bíblico del Eclesiastés: «He visto que no hay nada mejor para el ser humano que gozarse en su trabajo» (Qo 3,22)”.


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